EL DERECHO DE MATAR BARON BIZA PDF

Embajador de mis Ideas, vengo a presentaros mis credenciales. Libro que ha de cantaros el verso penoso de la Verdad; el que vuestros siervos se niegan a modular No necesito tu aplauso, no temo a tu brazo, ni me hace falta tu dinero. No tengo trazas de Cristo ni vehemencia de profeta. Si mides mi libro con la vara mediocre del catecismo de tu vida, mi libro, dejara en tu alma un acre sabor de inmoralidad.

Author:Fejinn Dodal
Country:Rwanda
Language:English (Spanish)
Genre:Spiritual
Published (Last):6 January 2014
Pages:274
PDF File Size:2.32 Mb
ePub File Size:19.29 Mb
ISBN:417-5-51002-383-9
Downloads:89271
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Zulugor



Para lograr una figura tan bella y un corazn tan duro, Qu dios del Olimpo se ayunt con la hiena? La pornografa en los libros est en proporcin a la degeneracin del cerebro lector.

Me acerco a tu trono, con toda la serenidad de un sacerdote de s mismo. No soy un extrao para los de vuestra casa, ni entro a ella amparado en la tarjeta complaciente de un secretario cardenalicio. Embajador de mis Ideas, vengo a presentaros mis credenciales. Dos millones de francos que me fueron arrancados por los que all en Buenos Aires, la ya conquistada ciudad por tus huestes, ofician la santa misa y bendicen vuestro nombre todos los das Dos millones que cayeron en sus arcas, que son tambin las tuyas y que tuve que entregarlos al conjuro de la memoria de un ser, para m sagrado Como consecuencia de esa donacin, con la que se ha construido parte de un colegio de cuyos fecundos rendimientos financieros, tendrs, Seor, conocimiento, se me ha acordado el derecho de disponer de dos becas vitalicias No las acepto y os las devuelvo, porque mi conciencia me niega autorizacin para utilizarlas.

Ella, no quiere complicarse en el crimen de desviacin espiritual que all se consume. Esa donacin fue hecha, Seor, para beneficio de los nios pobres, no para especulacin de los pocos cntimos de sus padres obreros. Fue Seor, confiada solamente en vuestra teora, tuvo por sola garanta la palabra de vuestro enviado y la fe que pretendieron inculcarme mis mayores. Junto a mi dinero, muchos millones ms agregaron a los mos Ya veis, Seor, que en esta cruzada no soy caballero sin honra y sin escudo Si no mediasen las circunstancias apuntadas, que me otorgan tal derecho, no atravesara yo, rumbo al Vaticano, la columnata circular de la plaza de San Pedro.

Y as como todos lo que hasta Vos llegan os ofrecen sus presentes, yo tambin quiero, sobre la bandeja de mi alma, dedicaros el de mi fe, mi fe herida, triste, andrajosa, condensada en las lneas de un libro cuyas palabras fueron dictadas a mi corazn por los Dioses, los solos Dioses, que guan la caravana de la Humanidad: lo innoble y lo grotesco Libro triste Seor, rebelde, escrito para los que gimen y para los que sufren bajo el peso de su cruz, cual modernos nazarenos Libro que ha de recordarte Seor la mentira de vuestros oropeles, la falsedad de vuestra prdica, libro que tendr la cualidad afrodisaca de recordarte como a los eunucos que no todo es oro y que existe el placer de poseer la vida.

Libro que ha de cantaros el verso penoso de la Verdad; el que vuestros siervos se niegan a modular Palabras salvajes que rugen realidades, que copiaron sus bramidos a la tormenta del Glgota, en la noche sin luna de la gran injusticia y que si fueran cantadas en tus iglesias romperan las lengetas de tus armoniums y estremeceran los restos de tus santos. Y para que tus porteros lo dejen pasar, para poder atraer tu atencin, para que l sea una nota relevante de brillo en el saln entristecido de tu biblioteca oscura; he revestido de plata su portada.

No necesito tu aplauso, no temo a tu brazo, ni me hace falta tu dinero. Estoy ms all del oro y de la fama; ms all de esa fe que hcete creer sincera la caricia de tu hembra y la mano de tu amigo. No tengo trazas de Cristo ni vehemencia de profeta. Si mides mi libro con la vara mediocre del catecismo de tu vida, mi libro, dejara en tu alma un acre sabor de inmoralidad. Ser inmoral porque te mostrar su maravilloso pubis y sus erguidos senos y habr de hablar desde el fondo oscuro del protoplasma.

Inmoral quizs, porque te recordara, cuando ello sea necesario que defecas diariamente. Te har dudar de tu Dios. Te enseara a escupir sobre el cdigo de la Sociedad y de la ley, de esa ley dictada por viejos sicalpticos, seniles, decrpitos y repletos.

Te har dudar de ti mismo. Hay en l, ctedra de muerte, tribuna de revolucin, escuela de crimen, remansos de odio, crimen y sadismo fruto solo de la simiente que los hombres, mis hermanos, arrojaron en mi alma No fue escrito para las muchedumbres endebles, ni para los mercaderes disfrazados de rotativos, ni para los maestros en tcnica, ni para los que visten la toga de la estupidez a modo de ciencia, ni para los policacos, ni para los invertidos.

Todos los libros encuentran un rincn en las bibliotecas. El mo, no lo encontrara nunca, porque no lo busca, porque no lo quiere, porque no es veneno que ha de guardarse en ampolletas. Si ese hubiera sido su destino, no lo habra escrito Va a corretear salvaje en el cerebro de la humanidad, a gritarte en la noche triste de tu cama fra o mentida la verdad que conoces y callas, va a retozar en las cavernas de tus pulmones 1 En las ediciones anteriores, las tapas eran plateadas N.

Son hojas destinadas a las prostitutas sin cartilla, los presidiarios que no llevan nmero, los Jueces y quizs las colegialas. No te engao, porque si as lo hiciera, pretendera engaarme a m mismo. En sus pginas, como ante el calidoscopio, desfilaran esperanzas muertas, jirones de una vida, de un corazn, y de un cerebro. Un corazn y cerebro a semejanza del tuyo, que va a mostrarte sus lacras y sus bellezas, que desplegar ante tus ojos, el abanico de sus lepras y sus virtudes He nacido rebelde, revolucionario, como otros nacen proxenetas o cornudos.

Alma que no busca el alma hermana. No te pido respeto ni mofa. No me interesa. Estoy por encima de tu admiracin o de tu burla. No espero tu aceptacin ni tu rechazo. Voy hacia ti sin que me llames, seguro de m mismo. Me llaman Jorge Morganti y estoy en la plenitud de mis treinta y cinco aos. Desciendo de italianos y espaoles, vomitados hace un siglo, por el mar en estas playas y que vinieron huyendo quiz, por temor a la Ley o el Hambre. Aventureros o vagos, caballeros de industria y mujerzuelas, intestinos de barcos, mugrientos residuos de bodegas, aristcratas castigados por su rey, o por su padre, se volcaron como abono annimo cuyo renunciamiento a la vida de molicie y refinamiento de Europa, obedeca ms que a la ambicin de dinero, a olvidar el crimen en unos y la ignominia en los otros, pero todos con un tenebroso rincn cercado a llave en el cerebro.

Con esa mezcla heterognea, ambiciosa, miserable, se fueron creando nuestros campos, en una infatigable explotacin y robo, en un contnuo aniquilar al indio, cuyo solar fue convertido en tierras de asalto, botn y saqueo y cuyas hembras, a ms de tales vieron doblados sus trabajos de bestias. As se levantaron nuestras ciudades, as se afianz nuestra riqueza, as se form nuestra aristocracia, esbozndose nuestra raza, entre espasmos de ex presidiarios, mordeduras de ex - prostitutas juramento de calabreses y gemidos de quena El sufrimiento y las lues han debilitado mi memoria y es por eso que a veces evoco mi pasado como un sonmbulo y ella me traiciona al tratar de evocar mis primeros aos cuando abandon la casa de mis padres, all en las sierras de Crdoba.

Muy vagamente, como entre brumas; como cubiertos por un tul grisceo, desgarrado en partes, pasan ante m esos aos en triste y doliente caravana que dejaron en mi nimo una impresin de amargura y cortedad que el tiempo no pudo disipar. Lo que no he de olvidar nunca; aunque la locura se empease en borrar a brochazos de inconciencia la tela donde ha pintado el recuerdo; es el edificio gris, de altos muros y de gruesos barrotes en las ventanas, donde iba a pasar mi niez.

Aquel colegio, que ms que colegio, era crcel o asilo! Fue all donde engrillaron mis mpetus infantiles, fue all donde se borr la risa de mis labios, fue all donde trataron de estampar sobre mi rostro la careta del jesuita, fue all donde me ensearon a leer, a rezar, a mentir y a masturbarme La autoridad bondadosa de mi padre fue reemplazada por la palmeta incansable, odiosa y brutal del celador Aquellas palabras de cario y ternura que oa en mi terruo, entre la suave quietud de las quebradas y la infinita melancola del crepsculo que vena hacia m, dulcemente, quedamente, como un perdn de madre a mis travesuras del da, a esas palabras benditas las reemplazaron blasfemias sagradas Evoco aquellas noches de hambre y de fro que hacan encoger aterida a mi pobre alma de nio; los desolantes silencios de los oscuros dormitorios que slo interrumpan el eco lento de los pasos de una figura negra, que escrutaba entre las tinieblas con quin sabe qu designios, los semi-desnudos cuerpecitos blancos Las cruentas maanas en que el agua de los lavabos cristalizada, quemaba nuestros rostros y manos La misa diaria antes del desayuno, mientras la noche se va entregando rendida al amanecer que avanza, el arrodillamiento sobre el duro banco y la cabeza inclinada, vencida por el sueo sobre el libro de tapas negras y cruz dorada, como un atad Fue all cuando empec a odiar a Dios, a ese Dios en cuyo nombre me robaban la risa y el sueo, y se llagaban mis rodillas.

Haba tomado la costumbre de escupir siempre que pasaba junto a un crucifijo. Una vez, pretend hacerlo sobre el mismo; mi saliva no lleg hasta l.

Yo era muy pequeo, o el crucifijo estaba muy alto Pasaron los aos lentamente, tan lentamente que an ahora me parecen siglos y me estremece recordarlos. Aos terribles, aos negros y malditos, hermanos de aquellos otros que ruedan all en las siniestras soledades de Cayena o de Ushuaia. Har de eso, veinte aos. No teniendo quien me amara, haba convertido, transformado en objeto de mi amor, todo lo brillante y bello que el mundo sensible me mostraba en los libros, ledos a escondidas de nuestro implacable celador.

Todo lo que hablara al alma, con la voz querida de una esperanza consoladora, desde el sol dorado y benfico que besaba los fros muros, hasta la herona sentimental de un cuento de hechiceras, prncipes y hadas.

Yo era un poeta, pero poeta a mi manera. No haba hecho versos porque no saba qu cosa fuera ello, pero haba visto formarse ante mis libros en las horas de estudio, siluetas vagas de mujeres divinas y las am, sin conocerlas, con delirio y entusiasmo. En mi salida anual haban pasado por mi lado, rozndome, inconcientemente, mujeres hermosas y ardientes, del brazo de amantes afortunados: ligeras, vaporosas, provocativas, mimosamente enamoradas, riendo en locas carcajadas de juventud y de vida, preciosas mujeres de abismales ojos negros las unas, y de un azul robado al Mediterrneo en un atardecer tranquilo, las otras, y todas ellas insinuantes, prometedoras a travs de la granada partida de sus boquitas rojas.

Cruzaban ajenas a su propia dicha, sin dignarse arrojar la limosna de una mirada de sus ojos brillantes y dilatados. Me dijeron que el mundo es de los jvenes y de los fuertes Pues mo ser el mundo! Y as, en mis ltimos das de internado, mis labios se contraan soando con el beso ilusorio, futuro, de las siluetas indefinidas de todos aquellos mis ideales fantsticos, murmurando: Ah quin tuviera una amante de ojos negros y rasgados, de labios rojos y talle esbelto!

Era la frontera que nos separaba del pueblo, un pueblo al que slo se iba por la correspondencia o para la venta de animales a los matarifes. Mi padre para esa poca me haba hecho regresar, frustrando las esperanzas de un doctorado y entregndome la direccin de la estanzuela. Las casas, que fueron de mis abuelos, quebraban sus lneas severas y coloniales, sometidas al gusto y cuidado de mi madre y hermana. Irma hered de mi padre ese sello distinguido e imborrable que le dejaron sus viajes por el misterioso Oriente y la inquieta Europa.

Esos viajes que emprendiera como un cruzado de quien la bohemia y la elegancia armaron caballero. Viajes que a golpe de hlice, hambrienta de distancia, despedazaron la fortuna de mi madre y obsequironle con la tos seca y ronca contrada en las quintaesenciadas noches de placer, all por los barrios de Montmartre en que el vicio se arrastra como pecadoras contumaces a los pies del Sacre Coeur, las casas de t de Yokohama, y los cafetines de Singapore, cuando ebrio de alcohol, cocana y opio caa al lado de cuerpos bronceados, de esclavas rabes, de geishas diminutas, cual chiquillas impberes, o rodaba entre las sedas y el calor artificial de las garconieres londinenses Del pasado, hered mi padre ruina y tos, que le haban obligado a retraerse en aquellas serranas, junto a mi madre y a su hija.

Alta su figura, elegante a pesar de lo encorvado, siempre al aire su melena gris, enrulada. Recuerdo que cuando cumpl los diez y siete aos, me tom del brazo, y llevndome hasta un viejo banco del parque, luego de habernos sentado, me habl de sus viajes. Eterno soador, visionario incorregible, peregrino incansable, cruz mares, dejando en todo puerto el pauelo blanco que se agitara en el aire, empapado en lgrimas por el que se alejaba Detrs de su figura se cerraba el mundo, como lo hacen las aguas cuando el barco pasa.

Como ante una cinta cinematogrfica desfil ante mi vista todo su relato. En mi cerebro palpitan an las emociones que me despert, al escucharle describir la cultura de los pases del Norte, la belleza y el arte de Italia, lo grandioso de la India y lo atrayente, por lo misterioso, para nuestros cerebros occidentales, las costumbres de Oriente. Cada nombre de esos pueblos significa para l una enorme cantidad de esfuerzos, de renunciamientos, de aventuras erticas y galantes y tambin algunas veces, de dudas Aventuras que se iniciaron en los pasillos de transatlnticos entre lujosos maderamen y regios tapices, para terminar sobre el empedrado fro, negrusco y mugriento de un dock de puerto, al largar amarras el barco.

Aventuras que no dejaban en s, ms que el recuerdo fugaz de la hembra libre momentneamente, segura de su impunidad, lejos de sus hijos o del tutor severo que la pantomima religiosa y civil de los hombres, le haba dado. Hembras que, tras los oropeles de damas de sociedad y de beneficencia, esposas de grandes polticos e industriales, las que ante la fosforescencia de aguas tropicales, el champagne falsificado del paso de la lnea, la luna de cartn, compuesta por la empresa, para tentarla, y el jazz que al son de su candombe africano obliga a refregar los senos sobre la pechera blanca del uniforme del caballero, haban llegado hasta su cabina transpiradas, con olor a celo y con los ojos dilatados por el placer y la falta que iban a cometer.

Y las otras, que tmidamente en los atardeceres, mientras los maridos y padres jugaban en el fumoir las fuertes fichas para recordar que no eran pobres, sin palabras, con el solo falso pudor del gesto, se ayuntaban al macho, dejando en la cabina, hasta la prxima vez, la nica verdad de su existencia. Aventuras algunas que no pasaban de la fornicacin visual, cuando ellas, sabindose minora, cruzaban las cubiertas con certeza psicolgica, de que el final del viaje alzaba sus acciones, haciendo que los marineros pensando en ellas, mirasen golosamente los grumetes.

Deliciosas aventuras en el espacio breve de las horas que dura una escala. As fue una vez en Helsingfors, cuando se desprendi de los amigos del barco para vagar por esas amplias y empinadas calles, que sin conocer el idioma encontr la maestrita que no hablaba el suyo.

LOVE UNSCRIPTED BY TINA REBER PDF

El derecho de matar

.

DISTRIBUCION GUMBEL PDF

Raúl Barón Biza

.

Related Articles